El sexto sentido de Luis Alberto Barbería

El sexto sentido de Luis Alberto Barbería

El sexto sentido de Luis Alberto Barbería

Para la gente de mi generación, Habana Abierta era algo parecido a un mito. Un espíritu trasgresor que iba creciendo en las entrañas y subía por las gargantas justo a tiempo para gritar lo rico que suena un rock and roll con timba. La idea de verlos en vivo fue impensable hasta que llegaron con Barbería, hace unos tres años, los primeros síntomas del regreso. Lo demás se sabe, el concierto de La Tropical en 2012 –sin Kelvis ni Boris, es cierto, pero igualmente desgarrarante–, terminó por devolvernos lo que habíamos conocido solamente de oídas. El grupo restableció el vínculo con la Isla y algunos de sus integrantes se escuchan en vivo desde entonces en espacios de toda Cuba.

Luis Alberto Barbería es uno de ellos, que llegó para quedarse y enraizar nuevamente su música en La Habana:

“Siempre digo que yo salí a dar un largo paseo, nunca me fui de aquí con la intención de quedarme viviendo en ningún sitio. Yo sabía simplemente que no podía vivir y morir en un lugar sin conocer el exterior, y mi música también necesitaba eso. Di un recorrido largo y no esperaba llegar tan lejos o trabajar con gente tan grande y compartir escenario con tipos que para mí eran impensables, pero sabía que a los cuarenta y pico iba a regresar a Cuba, y mucho más cuando de pronto me encuentro, como les ha pasado a muchos compañeros míos, que aquí mi música y la música de Habana Abierta ha sido un referente para mucha gente. Estoy muy feliz aquí, porque realmente necesito muy poco para vivir, camino por las calles redescubriendo cosas, oyendo mi música, cantándole a la gente, no pido más, eso es calidad de vida”.

¿Cómo ocurre en ti el proceso de creación?

Yo de repente digo: es el momento de coger el guitarra, cojo la guitarra y no sé lo que voy a hacer. Me pongo a guitarrear, a buscar cosas, a experimentar y va creciendo la canción; no tengo ni el estilo, ni el tema ni nada. De pronto, sale; pongo un acorde y salen cosas.

¿Tienes alguna musa, algo que te inspire en particular?

La música. Toda la que tengo en mi cabeza, a veces escucho un acorde, lo saco y de ahí sale algo. Me pasaba mucho en España, donde me pasaba el día con la guitarra en la mano y escuchando quizás un acorde que sonaba en la tele. No puedo decirte que yo me siento y ya, no, y luego la letra sale de la misma melodía.

Después de seis meses en Cuba, Barbería cayó en un vacío sin proyectos musicales, hasta que contactó con la disquera EGREM y les presentó un proyecto que terminó en la grabación del álbum A full, a finales del pasado año. Un disco que es, sobre todas las cosas, “para escuchar en casa”.

“Yo quise hacer un disco que fuese todo lo que yo he aprendido de la música y todo lo que significa la música para mí, que es pura pasión; o sea, no tiene nada que ver con negocio. Yo hago la música por pasión, el día que tenga que ganarme la vida cambiando mi historia, prefiero trabajar en un agro y vender frutas. Hoy hay pocos discos para escuchar en casa, por eso la gente está escuchando reguetón. Mi deseo es que sea un referente dentro de treinta años.

A full es un funky con mezcla de rumba que da título al disco, y conviene porque da la onda de velocidad, de vamos a por todas. Después de veinte años fuera, es como devolverle un poco a la Isla todo lo que me ha dado en enseñanza. Voy a full, pero solo musicalmente, no buscando éxito o pegarme. Es como decimos nosotros en Habana Abierta, que pare el que tenga frenos…”

Apasionado de la música vocal y del sacrificio que implica convertir la voz en un instrumento, Barbería invitó al disco a las muchachas de Sexto Sentido, quienes realizaron los arreglos vocales de todos los temas.

“Cuando descubrí el trabajo de las chicas de Sexto Sentido quedé maravillado y las contacté para hacer Rockotocompás en el concierto de La Tropical en el 2012. Les mandé el tema, ellas hicieron el arreglo y lo tiramos. Fue lindo, y ahí se me ocurrió la idea de hacer el disco completo. Todos los arreglos vocales de A full son de Yudelkis Lafuente y de Arletys Valdés.

“Hay gente que piensa que este primer trabajo mío en Cuba es arriesgado, que cómo teniendo la oportunidad de hacer un disco, no lo hice solo, pero a mí me hubiese dado igual que ellas hubiesen hecho un disco con mis canciones, no busco protagonismo, sino un trabajo bien hecho. Busco música, y trabajo en función de la música; si son ellas las que destacan, yo feliz, porque le están dando vida a mis canciones”.

A full es, además, un disco para dar ánimo:

Estamos viviendo un momento en Cuba y en el mundo de la música de “coser y tirar”, de la música rápida con el objetivo de lograr éxito y aprovechar hasta que venga otra y la destrone en ese género.

“Entonces A full también es un disco que da ánimos, es para la gente con algo que decir y proyectos en su cabeza; para la gente que dice para qué voy a hacerlo, si es por gusto, si la música que impera es la otra. Yo creo que se puede hacer y que hay que hacerlo. Hay más público para la música bien hecha que para el arte mal hecho, lo que pasa es que no es la música que se pone normalmente en los medios”.

La pregunta recurrente, cuando alguno de ustedes graba en solitario, es si ha llegado el fin de Habana Abierta, y has dicho que no, que Habana Abierta siempre será la casa…

Habana Abierta sigue siendo la casa, claro. Es como la casa de los padres, donde yo siempre tendré un espacio. Mi disco es mi apartamentito, pero la casa está ahí y me pertenece, o me pertenece al menos una habitación. Nosotros siempre hemos tenido una carrera en paralelo, no sé ese afán de la gente de pensar que Habana Abierta se ha acabado. Hay gente que sale, se casa, y no vuelve más a la casa, pero ahí está; ahí están sus recuerdos, sus juguetes, sus fotografías, su cajón lleno de cosas…

Nosotros hablamos casi todos los días, y todavía estamos dándole vida al grupo y tenemos proyectos, por ejemplo en 2017 se cumplen veinte años de Habana Abierta y tenemos la idea de unir a todo el grupo, a todo el que se ha ido de Habana Abierta a hacer su carrera, y hacer algo grande en Cuba, en Estados Unidos, hacer un disco recopilatorio quizás. Están las puertas abiertas para hacer algún trabajo, el que no se apunte es porque no quiere, tenemos la voluntad de que estemos todos para ese veinte aniversario”.

Cuando participaste en el Longina 2014, ¿pudiste de alguna manera evaluar el panorama de la trova y la música alternativa que se hace ahora mismo en Cuba?

Algunas de las cosas más interesantes que se están haciendo están ahí en Santa Clara, pero yo creo que la trova y la música alternativa comenzaron a perder fuerza cuando empezó a remunerarse. Nosotros en los ´90 y en los ´80 jamás pensamos que nos fueran a pagar un peso por ser cantantes, era el amor por hacer música, ninguno pensaba en dinero.

“Como dicen los gitanos, el arte tiene que dolerte, tiene que salir de las tripas, si no sale de ahí puede que sea muy bonito, pero no es real. Nosotros hervíamos las cuerdas de las guitarras para que sonaran mejor, porque no teníamos para cambiarlas. Recuerdo que yo andaba con un alicate en el bolsillo, porque a mi guitarra le faltaban las clavijas, y para ponerle una cejilla, tenía un lápiz y una liga… Entonces todo eso yo creo que va forjando y ahí se ve quién está por amor al arte o por amor a sacar beneficio del arte. Yo me acuesto y me levanto pensando en música. Siempre, música por encima de todo”.

 

Por Diana Ferreiro, oncubamagazine.com

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